Innovación disruptiva y Supply Chain global

Comparto una parte de mi intervención como invitado a la Universidad de Lima, ofreciendo unas palabras a la promoción de graduados de la Facultad de Ingeniería.

LIDERAZGO

5/11/20268 min leer

Discurso de Raúl Samaniego, VP de Supply Chain Global de AJE

Buenos días

Pasé más de 8 años de mi vida en la Universidad de Lima entre el pregrado de Ing. Industrial y el MBA con especialización en Finanzas. Aquí aprendí que: “El punto crucial de la decisión no es el lugar donde te encuentras, sino la dirección en la que decides moverte”. En esos años estaba en la encrucijada de caminos entre la ingeniería y el fascinante mundo de las finanzas. Ante mí se desplegaban posibilidades y había que tomar decisiones: ¿Dedicarme a la gestión de la producción o zambullirme en la logística? ¿Seguir construyendo mi carrera en mi país o lanzarme al desafío de una experiencia internacional?

Es un inmenso honor regresar a estos recintos no solo como un exalumno, sino como un testimonio viviente de lo que esta institución puede forjar. En este lugar, más allá de las rigurosas clases y exigentes exámenes, aprendí el valor de enfrentar las encrucijadas con valentía, de entender que cada decisión nos compone y nos redefine.

Los felicito no solo por los diplomas que sostienen en sus manos, sino por las historias de perseverancia, adaptabilidad y aprendizaje que han tejido en este tiempo. La Universidad no solo les ha ofrecido una formación académica de excelencia, sino también la capacidad de discernir, de abrazar la incertidumbre y de convertir cada desafío en una oportunidad.

Cuando me gradué de Ingeniería Industrial y luego del MBA en esta prestigiosa universidad, el mundo era, sin duda, un lugar muy diferente. Pero a pesar de las cambiantes mareas del tiempo y la tecnología, una constante sigue siendo inmutable: la importancia de adaptarnos, aprender y superar desafíos. Y en este mundo interconectado, nunca subestimen el poder de la colaboración y la comunidad. Nadie logra nada solo. Detrás de cada éxito, hay una red de mentores, colegas, amigos y familiares que brindan apoyo, orientación y aliento. Valoren y nutran esas conexiones.

A lo largo de mi carrera, he tenido la fortuna de trabajar con equipos increíbles y de aprender de líderes y mentores inspiradores. Cada uno de ellos ha dejado una huella indeleble en mi vida, recordándome que el verdadero liderazgo no se trata de estar al frente, sino de elevar a los demás. La verdadera esencia del liderazgo radica en servir, en apoyar y en hacer brillar a quienes nos rodean. No se trata solo de lo que logramos, sino de cómo impactamos en las vidas de los demás

En momentos especiales como este, las analogías con el mundo del deporte son muy inspiradoras para reflexionar sobre los desafíos y logros que nos han traído hasta este momento. En mi caso esa analogía en mi crecimiento personal y profesional vino a través del tenis, deporte que he practicado activamente durante los 9 años que estuve en Asia y lo sigo haciendo hasta hoy.

El tenis, es mucho más que un simple intercambio de golpes y carreras de un lado a otro. Es una danza y juego mental, una batalla contra uno mismo tanto como contra el oponente. En el tenis no siempre se lleva la victoria el que más puntos ganadores hace, sino el que menos se equivoca

Durante mucho tiempo, en el tenis, no toleraba la posibilidad de perder. Siempre buscando la victoria, temeroso de cualquier fallo que pudiera llevar al fracaso. Pero, paradójicamente, fue cuando aprendí a aceptar y, más importante aún, a aprender de la derrota, cuando realmente comencé a ganar. Al liberarme del miedo al fracaso, empecé a arriesgar más, a jugar con más libertad. Y al hacerlo, no solo disfruté más del juego, sino que también encontré caminos para avanzar al siguiente nivel.

La vida, queridos graduados, no es muy diferente. Muchos de nosotros tememos cometer errores, tememos ser juzgados o sentirnos insuficientes. Pero les digo, con toda sinceridad: cometan errores. Y no cualquier tipo de errores. Cometan errores interesantes, extraordinarios, gloriosos y fantásticos. Porque es a través de estos errores que crecemos, aprendemos y evolucionamos.

La verdadera esencia de la vida no se encuentra en la monotonía de la perfección, sino en los matices vibrantes de nuestras imperfecciones. Romper las reglas, desafiar el statu quo y aventurarse más allá de nuestra zona de confort nos permite vivir vidas más ricas, más significativas y, sí, más interesantes.

Recuerdo claramente una pieza de sabiduría que me fue impartida por una profesora de la maestría en mis inicios en gestión de cadena de suministro. Ella me dijo: "Si te sientes cómodo en tu gestión de cadena de suministro, algo estás haciendo mal. Muévete, estresa tu cadena de suministros".

Estas palabras, aunque directas, encierran una profunda verdad. La comodidad, aunque reconfortante, es a menudo la antesala de la complacencia. En un mundo en constante cambio, donde la adaptabilidad y la innovación son cruciales, mantenerse estático puede ser el mayor riesgo de todos.

La verdadera victoria no se encuentra en nunca caer, sino en levantarse cada vez con más fuerza, determinación y sabiduría. Jueguen su "partido" con audacia, pasión y propósito. Encuentren alegría en cada punto jugado, aprendan de cada error y, sobre todo, siempre busquen avanzar al siguiente nivel en el juego más grande de todos: la vida.

Al reflexionar sobre estos conceptos, me encuentro inevitablemente pensando en la resiliencia de las cadenas de suministro. La cadena de suministro, al igual que nuestra vida, está formada por numerosos eslabones, cada uno vital para el funcionamiento del conjunto. Cuando uno de esos eslabones se debilita o enfrenta una interrupción, toda la cadena se ve afectada. Pero lo que realmente define la robustez de una cadena de suministro no es la ausencia de desafíos, sino la capacidad de recuperarse y adaptarse a ellos. Es la resiliencia.

Hoy nos encontramos en una época de desafíos y oportunidades sin precedentes. Vivimos en un mundo donde la tecnología avanza a un ritmo vertiginoso, donde la palabra "hacking" ya no solo pertenece al dominio de la informática, sino que también simboliza la habilidad de adaptarse, innovar y superar obstáculos en múltiples facetas de nuestra vida.

Esos desafíos son reales. La globalización, el cambio climático, las desigualdades económicas y sociales, la revolución digital, y muchas otras realidades nos exigen ser más que simples espectadores. Requieren que seamos actores principales, agentes de cambio positivo. Como graduados de una institución tan prestigiosa, llevan sobre sus hombros la responsabilidad, pero también la inmensa oportunidad, de enfrentar estos retos de frente. Cada uno de ustedes tiene el poder de ser un faro de cambio en el mundo. Un faro que ilumina, que guía y que inspira a otros a seguir adelante.

Mientras avanzamos hacia un mundo de cambio constante y desafíos inesperados, no solo debemos liderar con el ejemplo sino también debemos de liderar a través del cuestionamiento, liderar con preguntas. En un mundo inundado de información, donde las respuestas a menudo parecen estar al alcance de nuestros dedos, es fácil olvidar el poder de una simple pregunta. Sin embargo, es el cuestionamiento lo que nos permite no sólo entender el mundo que nos rodea, sino también moldearlo y mejorarlo.

Piensen en los grandes innovadores, líderes y revolucionarios a lo largo de la historia. No aceptaron el mundo tal como se les presentó. En su lugar, se atrevieron a preguntar: "¿Por qué?" Y luego, "¿Qué pasa si?" y finalmente "¿Cómo podemos hacerlo mejor?" Estas preguntas, y la búsqueda incansable de respuestas, han sido la chispa detrás de los mayores avances de la humanidad. . La Revolución Industrial, la lucha por los derechos civiles, los avances en medicina y tecnología; todos estos fueron impulsados por personas que se atrevieron a decir: "Este no es el mundo en el que quiero vivir. Yo puedo, y voy a, hacerlo mejor".

Liderar mediante el cuestionamiento no significa mostrar escepticismo por el simple hecho de hacerlo, o socavar constantemente las normas y estructuras establecidas. Se trata de cultivar una mentalidad curiosa, de ser lo suficientemente valiente para desafiar el statu quo, de buscar siempre formas de mejorar y de no conformarse simplemente con "así es como siempre se ha hecho".

La verdadera disrupción y el auténtico liderazgo provienen de aquellos que no solo entienden los desafíos actuales, sino que tienen la visión y audacia para anticipar y actuar ante los desafíos del mañana. No debemos simplemente reaccionar ante el cambio; debemos ser los arquitectos del mismo. Adaptarse significa tomar el control, ser proactivo y, lo más importante, nunca dejar de aprender.

En nuestra era digital, la velocidad del cambio y la omnipresencia de la tecnología han redefinido muchos aspectos de la vida y el trabajo. Permítanme compartir con ustedes una visión del nuevo perfil del líder en estas épocas de cambio y digitalización:

En primer lugar, este líder ya no teme a la incertidumbre; la abraza. En lugar de intentar reducir la complejidad a través de soluciones lineales, este líder comprende que la verdadera magia ocurre cuando aceptamos la naturaleza intrincada de nuestros sistemas y trabajamos con ella, y no en su contra. Es alguien que ve la incertidumbre no como una barrera, sino como una invitación a la innovación.

Dentro de esta danza con la incertidumbre, emerge un nuevo tipo de simbiosis: la del líder y la máquina. Aquí es donde entra en juego el concepto del "líder algorítmico" propuesto por Mike Walsh. Este líder no solo es alguien que entiende y utiliza la tecnología; es alguien que forma una relación simbiótica con ella. Es una danza colectiva, donde el líder se mueve en armonía con algoritmos y máquinas, permitiendo que cada uno potencie las capacidades del otro.

Imaginen una danza donde la intuición humana se entrelaza con las capacidades predictivas de los algoritmos. Donde la estrategia es informada no solo por la experiencia, sino también por patrones de datos que el ojo humano podría pasar por alto. Es una danza cobótica, donde humanos y máquinas colaboran en una sinfonía de decisión y acción.

Estos líderes algorítmicos no solo adoptan la tecnología, sino que también se adaptan a ella, aprendiendo constantemente, redefiniendo su enfoque y permitiendo que la tecnología amplifique su capacidad para liderar, decidir y ejecutar.

Si hay algo que he aprendido a lo largo de los años es que el cambio verdadero, el cambio duradero, no proviene de grandes gestos o proclamaciones. Viene de la suma de innumerables pequeños actos, decisiones y hábitos tomadas día a día, momento a momento.

Cada uno de ustedes tiene dentro una chispa, una pasión, una visión única. Y es esa visión la que tiene el poder de transformar nuestra realidad. Un pequeño acto, una palabra, una idea, pueden ser el catalizador de un cambio revolucionario. Sean el cambio que quieran ver en el mundo.

Por supuesto, no puedo concluir sin expresar mi más profundo agradecimiento por haber tenido la oportunidad de estar aquí con todos ustedes, de compartir algunas palabras y de ser testigo de este momento tan importante en sus vidas.

A la Universidad de Lima, gracias por permitirme regresar a este recinto que considero mi segunda casa. A los profesores y personal administrativo, su dedicación y compromiso han sido fundamentales. A los padres, familiares y amigos presentes, ustedes son la red de apoyo fundamental de estos graduados.

Y, finalmente, a cada uno de ustedes, los graduados, les felicito de todo corazón por este logro monumental. Ha sido un viaje intenso, lleno de altibajos, pero hoy es evidente que cada esfuerzo ha valido la pena. El mundo necesita de su talento y su visión. Recuerden siempre que el futuro no es algo que nos sucede; es algo que creamos.

Deseo para cada uno de ustedes un futuro lleno de éxito, satisfacción y, sobre todo, continuo aprendizaje. ¡Felicidades a todos y que este sea solo el comienzo de un viaje lleno de éxitos!

Muchas gracias!